El Cerro Ñañañique (Foto 1), que domina la ciudad actual de Chulucanas con una altura de 170 metros sobre el nivel del mar, ha conocido desde más de 3,000 años una larga historia de ocupación humana. Gran parte de los restos dejados al filo del tiempo por los sucesivos asentamientos están hoy en día totalmente destruidos y solo pueden ser apreciados por algunos indicios recogidos durante las investigaciones realizadas en los años 1970 y 80. Otros vestigios quedan todavía visibles en el paisaje actual, aunque en un preocupante estado de conservación.

Foto 1.- Vista aérea del Cerro Ñañañique J.G.

Las áreas inicialmente cubiertas por los vestigios arqueológicos del periodo prehispánico se extendían sobre una superficie probablemente superior a las 100 hectáreas correspondiente a la totalidad de la extensión del cerro Ñañañique, a las zonas planas ubicadas en su entorno, así como al Cerro del Leonor, ubicado al noroeste del Cerro principal,. Estos vestigios representaban diversas etapas de la historia precolombina y diversos aspectos de la vida humana (viviendas, templos, cementerios...).

La fase Ñañañique (1200-750 antes de nuestra era)

Los más tempranos vestigios de ocupación del Cerro actualmente conocidos y conservados corresponden a las grandes plataformas ubicadas en la esquina suroeste de la planicie central, así como a pequeñas construcciones cuadradas dispersas en sus alrededores y en el bajo flanco norte del cerro principal (foto 2). Los restos de esta época atestiguan el desarrollo de una arquitectura monumental con fines ceremoniales y de diversos estilos cerámicos con una iconografía compleja de carácter probablemente religioso. Estos datos traducen la existencia de una sociedad jerarquizada asentada en el valle cercano, en una etapa todavía temprana de su desarrollo. La presencia de vestigios de diversos tipos procedentes tanto de la costa como de la sierra y del Oriente indica la existencia de redes de comercio e intercambios a larga distancia, comprobada por la presencia de restos de camélidos probablemente venidos en caravanas. Se encontró también, en varios contextos, restos óseos humanos que demuestran la manipulación de cuerpos humanos con fines rituales o funerarias.

Foto 2.- Pequeña construcción de la Fase Ñañañique J.G.

La fase Panecillo (750-450 antes de nuestra era)

El principio de esta fase corresponde con una ampliación y una remodelación importante del sitio ceremonial que alcanza una superficie de unas 20 hectáreas (Foto 3). El sector ceremonial estaba organizado bajo un modelo en U, característico del periodo Formativo peruano. Se componía de una gran plaza plana, probable lugar de reuniones, que estaba cercada sobre tres de sus lados por plataformas superpuestas, algunas soportando edificios complejos en su parte superior. Se ha reconocido la existencia de más de cincuenta estructuras o arreglos importantes de este periodo. Las construcciones más importantes (Fig.4) se componían de paredes de quincha enlucidas, con escaleras, banquetas, columnas de barro, probablemente pintadas. Los vestigios de ocupación de esta época se extendieron en toda la vertiente norte hasta la cumbre del Cerro, mientras que el entorno norte y oeste estaba probablemente ocupado por viviendas de las personas ligadas con el centro ceremonial. El incrementó del material traído desde las regiones vecinas y particularmente desde los valles sureños de Zaña y Jequetepeque confirman la existencia de relaciones estrechas, de tipo económico y cultural, con un gran numero de sociedades ubicadas en zonas ecológicas diferentes.

Foto 3.- Reconstitución de los principales arreglos arquitectónicos de la fase Panecillo J.G.

Foto 4.- Reconstituciones de la estructura 45 J.G.

Esta fase (Fig.5) corresponde a una etapa de florecimiento marcado por un fuerte aumento de la población asentada en el valle del bajo Piura. Una ruptura importante interviene en el siglo V antes de nuestra era, con el abandono total del centro ceremonial, probablemente ligado con el incendio de varias de sus estructuras monumentales y un cambio importante en las estructuras sociales locales.

Foto 5.- Cuenco típico de la fase panecillo tapando una olla de estilo costeño Paita

La Fase La Encantada (450-250 antes de nuestra era).

Mientras que el antiguo centro ceremonial está abandonado durante esta época, un nuevo templo en U de menor extensión parece haber sido construido al norte, y en paralelo, del anterior, en la baja vertiente oriental del Cerro del Leonor. Esta estructura todavía visible en los anos 70, estaba casi totalmente destruida en los 80 y ha desaparecido totalmente ahora. La estela de piedra (Foto. 6) recientemente descubierta en este sector está probablemente asociada con esta fase de ocupación.

En el valle del alto Piura, esta fase se caracteriza por la existencia de varios centros de poderes dispersos, asociados con elites locales fuertemente influenciadas o ligadas con las culturas sureñas contemporáneas. La cultura local se vuelve más sencilla, mientras aparecen en la zona las primeras obras de orfebrería.

Foto 6.- fragmento de estela con iconografía del formativo final

La Fase Chapica (250-0 antes de nuestra era)

Vestigios de esta época de transición se encontraron en un pequeño sector ubicado al oeste del Cerro del Leonor, sin que se pueda definir la naturaleza del asentamiento Esta fase que marca el empiezo de un largo abandono del Cerro se acompaña en el valle cercano de un claro crecimiento poblacional, particularmente en las zonas arenosas ubicadas al Oeste y sur de Chulucanas.

Las Fases Vicús (0-600 de nuestra era) y Campana (600-900 de nuestra era)

Ningún vestigio de la cultura Vicús fue encontrado en los alrededores del Cerro Ñañañique. Este abandono es probablemente significativo de los profundos cambios intervenidos en los esquemas culturales y religiosos locales con el fin del periodo Formativo.

Las Fases Tallán (1000-1350), Tallán-Chimú (1350-1470) y Tallán-Inca (1470-1532)

Nuevas ocupaciones intervienen en los alrededores del Cerro con la fase Tallán, durante la cual se instalaron cementerios en diversos sectores, tal como la gran plataforma baja y la extremidad del brazo menor. Los cuerpos enterrados (Fotos 7,8). Corresponden a varones y mujeres de diversas edades, acompañados con botellas y ollas cerámicas, así como algunos objetos de cobre (agujas, naipes).

Foto 7.- Inhumación no removida de la fase Tallán J.G.

Foto 8.- Entierro perturbado de la fase Tallán J.G.

La última ocupación importante del cerro parece haberse dado durante la fase Incaica. En aquel momento, o un poco antes, se realizó, tal vez con fines estratégicas, en toda la vertiente este y en la cumbre del Cerro principal, un conjunto de arreglos arquitectónicos importantes (terrazas, paredes de contención, (Foto 9), construcciones de adobes rectangulares, grandes estructuras de piedra (Foto 10).

Foto 9.- Vista de los arreglos de la fase intermedia tardía o Incaica en la vertiente este del Cerro. J.G.

Foto 9.- Gran construcción rectangular de la fase tardía, en la cumbre del Cerro J.G.